Reto 22 ELDE/LiterUp (2016): Escribe un relato que tenga lugar durante una tormenta.

Tocón.

En junio no debe llover. Bueno, depende de en según que sitios. Allí en Irlanda estaba cayendo un diluvio digno del apocalipsis y supuestamente eso no debía frenarme pero esa mañana me apetecía menos que ninguna eso de mojarme y pasar el resto del día calada hasta los huesos.

La tarea que teníamos para este momento era arrancar un tocón que había en mitad del segundo prado. Nunca estorbó demasiado hasta que una de las ovejas de Maggie se rompió la pata con el y hubo que sacrificarla. El tocón era enorme y sus raíces parecían muy profundas, así que lo lógico era que hubiésemos subido el tractor hasta la colina para tirar de él con una cadena. Pero había demasiado barro y demasiada pendiente y si normalmente estaba húmedo ahora el terreno era un cenagal impracticable, al menos para un tractor de tamaño pequeño como era el que teníamos.

— ¿No se supone que debíais estar trabajando? — Liam, el que se creía el jefe de todo aquello cuando Maggie no estaba presente, entro en el granero mirándonos con el ceño fruncido.

— El terreno está demasiado mal como para subir el tractor allí arriba y quitar el tocón… ¿hay algo más que podamos hacer hoy?— mi compañera Verónica no dejaba que él y yo hablásemos para que no saltasen chispas.

— Vuestro trabajo. — dijo Liam.

Eso me encendió y le eché con una mirada fulminante que me devolvió en silencio. ¿No había oído a mi amiga? ¿Era sordo? ¿O tal vez sólo estúpido? Resoplé y me crucé de brazos mirando la manta de agua que caía en la puerta como una cortina. Íbamos a quedar como unas inútiles por culpa de la tormenta. Y realmente no era culpa nuestra, si no culpa del tractor, que era demasiado pequeño y Maggie ya nos había advertido. Un trueno sonó con fuerza pero lejano y el agua cayó con aún más virulencia. Eso es, sólo era culpa del tractor, y si no era culpa nuestra, al menos había que intentarlo.

Me moví y cogí varios picos, azadas y palas. Empecé a repartir los guantes gruesos que siempre guardaba yo.

— Vamos, tenemos trabajo que hacer, hay que quitar ese tocón.— dije. Liam y el resto de sus amigos se detuvieron en el acto para mirarnos. Sabía que estaban esperando el momento para decirme que no podiamos coger el tractor.

— ¿Cómo? El tractor no puede trabajar ahí, ya nos lo dijo Maggie. — dijo Gloria.

— A mano. — dije y repartí las herramientas. Nadie se movió durante unos segundos y el grupo de locales seguía muy pendientes de la extranjera que había perdido la cabeza.

— ¡¿A mano?! ¿Estás loca?— dijo Verónica.

— No, el tractor es el que tiene problemas. No nosotras. Nosotras somos muy capaces de subir ahí arriba y sacar ese tocón. — miré a Liam fijamente. Ni él ni nadie del grupo se movió. El resto de mis compañeras interpretó perfectamente por qué lo hacía y con orgullo se pusieron los guantes y se cubrieron la cabeza con las capuchas.

Subimos la colina bajo una lluvia y un viento que no ayudaba a caminar. La ladera estaba extremadamente resbaladiza y al llegar al tocón cavé un pequeño hueco que sin hierba, resbalaba menos. Mis tres compañeras se pusieron a cavar con arrojo y fiereza. Nadie abrió la boca mientras hacíamos un agujero o partíamos las raíces. Después de media hora estaba exhausta y me costaba respirar sin casi notar el agua llegando a mi garganta, los truenos rugían cada vez más fuertes y amenazantes. Miré a mi alrededor y mis compañeras estaban casi igual pero sin parar. Eso me dio fuerzas. Durante aproximadamente otra media hora estuvimos cavando y por fin el tocón estaba casi separado del suelo. Otros largos y exasperantes minutos haciendo palanca y mucha fuerza y el tocón rodó ladera abajo sonoramente pero no más que nuestros gritos de alegría. Me paré dos minutos antes de bajar a contemplar ese paisaje verde y gris tan hermoso pero exigente.

Cuando entramos en el granero los chicos apilaban heno cambiándolo de sitio y cerraban una gotera. Nos miraron como se mira a alguien que no se espera que venza en un combate.

— Nuestro trabajo está ahí fuera, al final de la ladera. Ahora seguiremos con el resto de cosas. — dijo Noemí.

Liam me miró en silencio pero esta vez sin ira u orgullo, simplemente un respetuoso silencio que el resto del grupo imitó mientras dejábamos las cosas y salíamos del cobertizo camino de la casa a cambiarnos y tomar algo caliente delante del fuego antes de las 9 de la mañana.

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