Reto 11 ELDE/LiterUp (2017): Inventa un cuento con dos objetos a los que dotas de vida.

Crónicas noctámbulas.

— ¡Me voy! ¡Ya está! ¡No aguanto ni un día más! — una voz grave rompe el silencio de una noche templada de primavera.

— ¿ A dónde te vas a ir, eh, máquina? — responde otra voz. — Estás atado a mí y yo estoy anclado al suelo. ¿Ahora vas a sacar patas?

En mitad de una calle vacía a excepción de un par de coches aparcados, las voces provienen una farola y una papelera.

— Me da igual, ya no pienso tragar más. — la papelera saca una voz enfurecida y comienza a moverse para deshacerse del armazón de metal que la une a la farola.

— Estate quieto, que vas a sacarte algo. — la farola suspira ante la persistencia de su compañero. — Oye, que yo también estoy harto, ¿eh? No sabes lo que es que se te meen todos los chuchos del barrio. Sin sonar bruto pero que alegría me da cuando se muere alguno…

— ¿Que se te meen? ¿Te estás riendo de mí? Yo me como sus mierdas. Me como sus mierdas, ¿me oyes? — repite más alto. Al fondo de la calle se oye un sonido sibilante que pide silencio. — Si tu te alegras cuando palman, yo me muero del gusto, pero esos idiotas vuelven a comprarse otro perrito en menos que canta un gallo…

— Disculpa pero a ti te vacían todos los días, ¿has visto que me limpien a mi en alguna ocasión? Tengo orines que podrían ser fósiles. Y lo pero es cuando no son de perros… Qué asco, por favor. — al fondo vuelve a oírse el siseo, ahora más fuerte.

— ¡Que te calles tú! — increpa la papelera. — Me voy a pasar la noche hablando con mi compañero si me da la gana. ¿Entendido? — Al no recibir respuesta del objeto que se quejaba, la papelera continua. — Ya no le dejan a uno ni quejarse en paz. Si voy a tener este trabajo más años, protestaré lo que quiera.

— Hay algunos que son muy tiquismiquis. Que tengamos un trabajo que hacer todos los días y todas las noches no quiere decir que no podamos lamentarnos si algo no nos gusta. — dice la farola apoyando a la papelera.

— Estoy totalmente de acuerdo, no todo el mundo sería capaz de aguantar aquí tantos años, ¿eh? Apechugar cuando llueve, nieva o graniza, coger todo lo que te echen sin rechistar ni un momento… — el cubo se calma para sumirse en sus propias reflexiones.

— Claro que no, ¡y además pocos saben lo peligroso que es este trabajo! ¿Recuerdas a aquella farola de la avenida principal, la que un coche se llevó por delante? Quedó para chatarra directamente, no pudieron hacer nada por ella. No me caía bien pero no le deseo eso a ningún compañero. — la luz de la farola se vuelve ligeramente más intensa cuando habla con orgullo de su clase.

— Ya ves, a mi primo el contenedor de papel lo quemaron, ¿recuerdas? En la familia siempre le dijimos que aquel barrio donde lo colocaron no era bueno pero no nos hizo caso. Ahora está sin tapa, con quemaduras, sin pintura y se queja de que la gente echa en él de todo. No es una existencia sin riesgos la nuestra, ¿eh? — la farola asiente moviéndose ligeramente ante el comentario de su amigo. — ¿Y cuando me patearon aquel verano? Ahí sí que lo pasé mal. O cuando hubo huelga de recogida de basuras, qué semana más larga y qué agujetas.

— Eso lo sufrimos los dos, compañero, no fueron días agradables. Recuerdo también cuando el año pasado se me fundió la bombilla y tardaron dos semanas en reponerla. Que estamos en un barrio bueno sí, pero a mí ya se me habían olvidado los colores de los coches de esta calle. — añade la farola con tono indignado.

— Fueron días oscuros, hermano… — continúa la papelera. — Y más que vendrán, no me gusta nada la gestión del ayuntamiento de ahora. Han cambiado la hora de recogida de basuras y siempre me quedo con…

Vuelve a oírse un sonido siseante llamando al silencio, mucho más fuerte que los anteriores, esta vez con verdadero disgusto.

— ¡Tío, que no me voy a callar, a ver si te enteras! — la papelera vuelve a enfurecerse. Y esta vez una voz que apenas se oye le responde desde el final de la calle. — ¡Que no me entero y que me da igual lo que me digas, pesado! — la voz vuelve a oírse y esta vez lo único que se entiende es un insulto. — ¡¿Cómo?! ¡Ven aquí! ¡Ven aquí y dímelo si tienes…!

La farola suspira sonoramente acallando casi por completo a su compañero y mira al cielo nocturno con paciencia.

 

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